miércoles, 14 de junio de 2017

Pecosita de hoyuelos de chocolate



Hay un río de agua cristalina en mi corazón. Desconocía que el agua pura y fresca baja por mi alma, en transparente catarata. Mi estimado amigo Dios, no sabia que el agua es la que me da la vida y calma mi sed más profunda, de paz y esperanza. Me gustan los peces de agua. Los que nadan en la calma de mi océano, navegan en mis sueños y me hacen cosquillas en el corazón, llenando mi alma de esperanza y vida. Los alimento día a día, con la savia que corre por mis venas. La savia con la que mi niña  juega en los charcos de ilusión, mientras corre entre campanillas silvestres y varitas de San José. Mi pecosita tiene las mejillas llenas de estrellas, que se desprendieron del cielo y pugnan por besar sus hoyuelos de  chocolate.
En mi corazón puedo sentir su alma, mientras pasea con la perrita  de hocico de azabache y corazón de miel y canela. Una mariposa azul se ha posado sobre una de sus trenzas. Una mariposa de bellos ojos, por los que se puede contemplar el cielo.
Ella chapotea en mi alma inundando de ilusión todo mi ser, llevándose la desesperanza y las aguas turbias que empieza a brotar por una de mis arterias.

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Alfileres en el alma

Mi corazón se resiente
de la hipocresía 
que no puede digerir,
ya no debería ser así. 
Una vez más
puedo comprender, 
que me falta mucho
por vivir 
y mucho por aprender. 
Me duelen las puñaladas, 
dadas en la oscuridad. 
¿Si no las veo Dios mio,
¿cómo me pueden doler?
¿Cómo me llegan al alma
si yo no las puedo ver? 
Después de tanto dolor,
nada debería doler,
pero siguen doliendo 
y no lo puedo entender.
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