INTRODUCCIÓN
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A veces, la vida nos invita a detenernos. A mirar hacia atrás no con nostalgia, sino con gratitud. A observar el camino recorrido, las heridas que nos formaron y las flores que crecieron en medio del dolor. Este texto nace de ese silencio reflexivo, de esa pausa que permite ver con claridad lo que antes parecía confuso.
No es una lección, ni una fórmula mágica. Es simplemente una mirada honesta desde el alma de alguien que ha vivido, que ha aprendido y que ha decidido abrazar su historia con todas sus luces y sombras. Porque al final, cada experiencia —por dura que haya sido— tiene el poder de transformarnos, si sabemos mirarla con amor y aceptación.
Estas palabras son para ti, que quizás estás buscando sentido, consuelo o simplemente compañía en tu propio viaje. Que te sirvan como un abrazo escrito, como una luz suave en medio de la incertidumbre. Porque todos estamos armando el mismo puzzle y a veces, compartir los pedazos ayuda a encontrar el lugar donde encajan.
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🌿 El color de la vida
La vida no es ni negra ni blanca. En realidad, no tiene un color determinado. Todo depende de nosotros, del pincel que tomemos y de los trazos que decidamos formar con él.
He vivido mucho y muchas veces me he detenido a observar mientras caminaba. Lo cierto es que, en más de una ocasión, he preferido observar antes que actuar. Porque se aprende más observando que reaccionando sin pensar. En mis silenciosas contemplaciones he visto personas perder la vida y la calma persiguiendo afanes que, al final, no les servirían de nada. Porque al final del camino, la vida todo lo reclama. Incluso nuestro cuerpo.
Curiosamente, muchos intentaban sobresalir, luchando entre ellos como fieras. A veces con la espada de la lengua, destruyendo vidas y corazones. Otras veces arrojando basura para apartar el obstáculo que les impedía alcanzar su ansiado objetivo. Me recordaban a la selva, a los depredadores que pelean por llevarse la mejor parte de la presa y que, en la ironía de la vida, acaban devorados por otro más grande y poderoso.
Hoy puedo decir, sin ninguna duda, que soy plenamente feliz. Feliz con mi hermosa familia, mi pequeño jardín y esos momentos entrañables y cotidianos que llenan mi alma. Dejé atrás muchas cosas en mi camino. Cosas que me hicieron sangrar el alma con sus dentelladas, pero a las que estoy profundamente agradecida. Porque fueron ellas las que me moldearon en el torno de la vida.
Cada una de esas experiencias se quedó en el lugar que le corresponde. Porque, tarde o temprano, las piezas del puzzle roto de la vida vuelven a colocarse donde deben estar.
Las cosas podrían haber sido muy diferentes. Pero entonces yo también lo sería y he llegado a la conclusión de que no quiero ser distinta. Me quiero tal y como soy, con cada espina y con cada flor. No cambiaría lo que he vivido, ni lo bueno ni lo malo, porque no cambiaría a la persona que soy hoy. Si alterara esos momentos del pasado, también cambiaría a la mujer que ahora vive en mi alma y que está escribiendo estas líneas.
Las lecciones de vida, por duras que hayan sido, hoy son mi experiencia y mi formación y eso, para mí, es suficiente.
A veces, la vida nos invita a detenernos. A mirar hacia atrás no con nostalgia, sino con gratitud. A observar el camino recorrido, las heridas que nos formaron y las flores que crecieron en medio del dolor. Este texto nace de ese silencio reflexivo, de esa pausa que permite ver con claridad lo que antes parecía confuso.
No es una lección, ni una fórmula mágica. Es simplemente una mirada honesta desde el alma de alguien que ha vivido, que ha aprendido y que ha decidido abrazar su historia con todas sus luces y sombras. Porque al final, cada experiencia —por dura que haya sido— tiene el poder de transformarnos, si sabemos mirarla con amor y aceptación.
Estas palabras son para ti, que quizás estás buscando sentido, consuelo o simplemente compañía en tu propio viaje. Que te sirvan como un abrazo escrito, como una luz suave en medio de la incertidumbre. Porque todos estamos armando el mismo puzzle y a veces, compartir los pedazos ayuda a encontrar el lugar donde encajan.
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🌿 El color de la vida
La vida no es ni negra ni blanca. En realidad, no tiene un color determinado. Todo depende de nosotros, del pincel que tomemos y de los trazos que decidamos formar con él.
He vivido mucho y muchas veces me he detenido a observar mientras caminaba. Lo cierto es que, en más de una ocasión, he preferido observar antes que actuar. Porque se aprende más observando que reaccionando sin pensar. En mis silenciosas contemplaciones he visto personas perder la vida y la calma persiguiendo afanes que, al final, no les servirían de nada. Porque al final del camino, la vida todo lo reclama. Incluso nuestro cuerpo.
Curiosamente, muchos intentaban sobresalir, luchando entre ellos como fieras. A veces con la espada de la lengua, destruyendo vidas y corazones. Otras veces arrojando basura para apartar el obstáculo que les impedía alcanzar su ansiado objetivo. Me recordaban a la selva, a los depredadores que pelean por llevarse la mejor parte de la presa y que, en la ironía de la vida, acaban devorados por otro más grande y poderoso.
Hoy puedo decir, sin ninguna duda, que soy plenamente feliz. Feliz con mi hermosa familia, mi pequeño jardín y esos momentos entrañables y cotidianos que llenan mi alma. Dejé atrás muchas cosas en mi camino. Cosas que me hicieron sangrar el alma con sus dentelladas, pero a las que estoy profundamente agradecida. Porque fueron ellas las que me moldearon en el torno de la vida.
Cada una de esas experiencias se quedó en el lugar que le corresponde. Porque, tarde o temprano, las piezas del puzzle roto de la vida vuelven a colocarse donde deben estar.
Las cosas podrían haber sido muy diferentes. Pero entonces yo también lo sería y he llegado a la conclusión de que no quiero ser distinta. Me quiero tal y como soy, con cada espina y con cada flor. No cambiaría lo que he vivido, ni lo bueno ni lo malo, porque no cambiaría a la persona que soy hoy. Si alterara esos momentos del pasado, también cambiaría a la mujer que ahora vive en mi alma y que está escribiendo estas líneas.
Las lecciones de vida, por duras que hayan sido, hoy son mi experiencia y mi formación y eso, para mí, es suficiente.
(De mi texto original: La vida tiene sus espinas y sus rosas y todo es necesario
(20 de Noviembre del 2022)

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