Hay verdades que no se explican, se sienten. En el silencio del alma, en la paz que brota sin razón aparente, en la fe que nos sostiene cuando todo tiembla… ahí está Dios. No como figura lejana, sino como presencia íntima. Este texto es una invitación a mirar hacia adentro, donde lo divino habita sin ruido, pero con luz
Hay momentos en que la vida nos invita a detenernos, a mirar atrás con ternura y hacia adelante con humildad. En ese silencio entre pasos, descubrimos que no estamos aquí para acumular, sino para aprender. Que cada estación del camino guarda una enseñanza y que lo único que realmente nos pertenece… es lo que el alma recoge