martes, 21 de marzo de 2017

El país de la culebra negra.


Hace mucho tiempo existió un país muy lejano donde todo era tinieblas y oscuridad. En él, reinaba una serpiente negra que se había ido alimentando y  creciendo con el odio y el egoísmo de todos los habitantes del lugar, hasta convertirse en una terrible bestia.
No era precisamente el país del amor y la solidaridad. En este remoto lugar todo los habitante habían aprendido a dar patadas y codazos a sus semejantes en vez de besos y abrazos.
No había nada que escapara a los ojos de la culebra negra. Pero a pesar de ello, algunos lugareños habían conseguido aparentar que seguían sus silbidos para no ser atacados por el terrible monstruo, cuyo lema era:
"Yo siempre el primero por ser el mejor.
Sin importar lo que tenga que hacer
para mi voluntad, hacer prevalecer"
Y así el país de la culebra negra se había ido haciendo más y más oscuro, tanto que hasta las nubes en vez de agua llovían odio y egoísmo.
Algunos de sus habitantes tuvieron que escapar del lugar para no ser engullidos por el terrible monstruo al  descubrir que sus corazones  no latían al ritmo de sus silbidos y que representaban una grave amenaza para su empresa ya que se podía percibir sensibilidad y empatía en ellos.
Pero como siempre ocurre con todo aquello que va en contra de su propia naturaleza, no puede acabar bien. Y es que el ser humano tiene una gran parte de amor dentro del alma y eso no se puede anular tan fácilmente. Así que un buen día, la terrible culebra negra se fue enroscando sobre sí misma, hasta que la cola acabó dentro de su propia boca, engullida por su propio
veneno.
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