Han cambiado demasiado las cosas en estos últimos años. Ahora cualquier cosa o casi todo lo que quieras buscar o adquirir es a través el señor Don Dinero. Pocas páginas quedan en Internet que sean gratuitas y que ayuden a los creadores a seguir con sus creaciones. Quería compartir esto con ustedes, porque hoy al mirar en mi caja de recuerdos de Internet me he dado cuenta de todos esos cambios. Supongo que el próximo paso, si no ocurre algo que lo evite, será que los creadores desaparezcan poco a poco y solo quede todo lo que mueva el Señor Don Dinero. Muchos ya se fueron. Eran personas valiosas, que hacían sus creaciones con amor y dedicación. Poco a poco el Señor Don Dinero se lo ha ido tragando todo. Supongo que muchos de los creadores se fueron decepcionando y ahora ya no están. Siento mucha nostalgia de todas esas personas que creaban con el alma, sencillamente porque les apasionaba crear. Empiezo a pensar que ahora todo se mueve únicamente por intereses y que sin dinero ya nada puede existir. Me siento mal con todo esto. Creo que algo del arte y del alma se está perdiendo irremediablemente. Quizás siempre ha sido así y yo no me di cuenta hasta ahora. A veces soy un poco despistada para las cosas. ¿Creen que puede estar ocurriendo esto? Ojalá yo esté equivocada y solo sean una ideas otoñales que me están llenado el alma y el corazón de nostalgia.
Hoy comparto una bella leyenda navideña, procedente de Irlanda, sobre un hermoso pajarito que tiene el pecho rojo, llamado petirrojo. Uno de los símbolos de la Navidad.
Esta leyenda la dedico especialmente, con todo mi cariño a mi pajarita Azulita, que partió de este mundo y que esta en el cielo, llenándolo todo con su ternura azul. Mi linda estrella azul siempre te llevo en mi corazón. Algún día volveremos a encontrarnos de nuevo. Para ti con todo mi cariño. También la dedico a todas las personas y a sus mascotas. Porque nuestro animalitos son tan hermosos y tienen un alma tan pura que lo llenan todo de luz.
¿Sabes por qué el petirrojo tiene el pecho carmesí?
Quédate si quieres saberlo. Te lo cuento en esta hermosa leyenda
Lo que a continuación te voy a narrar sucedió en un gélida noche de invierno. Hacia mucho frío y Jesús recién nacido dormía. La virgen María no quería que el niño Dios pasará frío, así que intentaba calentar el pesebre, con una pequeña hoguera que procuraba mantener encendida, hasta que San José volviera con más leña, para avivar el pequeño fuego.
Pero lamentablemente la pequeña hoguera se estaba apagando y
a medida que pasaba el tiempo la Virgen María se daba cuenta de que el niño se estaba quedando helado. Fue entonces cuando pidió ayuda al buey, pero el animal continuó profundamente dormido sin enterarse. Le ocurrió lo mismo con la mula que estaba tan cansada que no se despertó y lo mismo le sucedió con el gallo que continuó cantando tan fuerte que no pudo escucharla.
Y entonces cuando el fuego estaba a punto de apagarse se escuchó el canto de un pequeño pajarito que estaba en una esquina del establo en su nido y la virgen María le dijo:
Bello pajarito ¿Puedes ayudarme? ¿Puedes traer ramitas y palitos para mantener el fuego encendido? Mi hijo tiene mucho frío.
El pequeño pajarito sintió una gran compasión y fue rápidamente volando hasta su nido y con el pico arrancó todos los palitos y los llevo a la Virgen María y también las ramitas con las que lo había forrado su nido.
Pero a pesar de ello, el fuego seguía apagándose , entonces el pequeño pajarito comenzó a aletear con todas su fuerzas para avivarlo y empezaron a salir grandes llamaradas y de esa forma el pequeño pajarito se quemó parte del pecho y del rostro. Pero a pesar del terrible dolor de las quemaduras, que sentía, siguió batiendo las alas para que el pequeño niño Jesús no tuviera frío.
La virgen María conmovida por tanta bondad y empatia y al ver la mancha que el fuego había dejado en el pecho del ave decidió llamarle Petirrojo, que significa Pecho rojo.
Desde ese mismo momento nació una nueva generación de bellos pajaritos, los petirrojos. Ellos son pajaritos sagrados, de pecho carmesí, que todo lo bendicen con sus bellos aleteos.
Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.…