Cada vez que muere un niño bueno, baja del cielo un ángel de Dios Nuestro Señor. Con sus grandes alas blancas, toma en brazos el cuerpecito inerte y emprende el vuelo por encima de los lugares que el pequeñuelo amó. Allí, recoge un ramo de flores para ofrecerlas a Dios, para que luzcan aún más hermosas en el cielo que en la tierra.
Este cuento, escrito por el famoso autor danés Hans Christian Andersen, nos habla de la eternidad de las buenas acciones y la transformación de un niño en un ser celestial. El ángel y el niño recorren juntos los lugares familiares, y en su viaje, descubrimos la belleza y la esperanza que trascienden la vida terrenal.
https://www.youtube.com/watch?v=qXBBk-ffHVc
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