jueves, 3 de diciembre de 2015

Brumas (Capítulo VII)

La huida (I.M.S.T.)
Querido diario:
Hoy el conde Andrei me ha llamado a su despacho. Me ha mirado fijamente a los ojos. He agachado la cabeza para que no descubriera el terror en mis pupilas.
Me ha invitado a tomar asiento. Dijo que tenía que hablar conmigo. Estaba más pensativo y grave que de costumbre. Su voz sonaba un tanto cavernosa:
-Katia como bien sabes, faltan dos días para tu cumpleaños. Quiero que estés de acuerdo con  las circunstancias. Hoy marcharé al pueblo a resolver algunos asuntos y mañana me acompañarás  para elegir tu vestuario de gala. 
-¿Te parece bien?. Asentí con la cabeza sin levantar la mirada. El se dio cuenta  de mi actitud retraída y preguntó: 
-¿Te ocurre algo que yo deba saber?
-No. Sólo estoy cansada. Es época de exámenes y paso mucha horas estudiando.
-Esta bien, en ese caso puedes retirarte.
Me sentí aliviada al verme libre de su presencia. Caminé rápidamente hasta mi habitación. Esperé  con ansias a que él marchara al pueblo, para continuar mis pesquisas.
Eran las cuatro de la tarde pasadas, cuando escuché el ruido del coche de Andrei en el patio de la entrada.
Me asomé a los ventanales para cerciorarme de que era así. Efectivamente no tardó en desaparecer, por el viejo camino de tierra que atraviesa el bosque y llega hasta el pueblo.
Salí de mi habitación y me encaminé hacia los aposentos de Andrei para hacerme con la llave que contiene mis interrogantes. Una vez en el torreón abrí la pesada puerta con cuidado para evitar los secos crujidos. Afortunadamente todo el personal del castillo estaba ocupado en sus quehaceres y nadie descubrió mi presencia en aquella parte del castillo.
Revisé con una mirada toda la habitación. Reparé que en la parte superior del viejo armario de madera oscura, había una especie de baúl metálico. Busqué una silla para que me sirviera de soporte y poder acceder a él. 
Pesaba bastante. Casi pierdo el equilibrio al intentar llevarlo hasta el suelo.
Al fin conseguí tenerlo ante mi. Tenía un candado de hierro macizo, de apariencia muy sólida. El problema sería abrirlo.
Como por arte de magia mis ojos repararon en un viejo pico apoyado sobre la pared, en uno de los rincones. Comprendí que podía utilizarlo como palanca y así lo hice. Al cabo de un tiempo y tras muchos esfuerzos conseguí que el candado cediera.
Dentro encontré un frasco de pastillas, una linterna, un abrecartas, ropa de mujer, zapatos y un sobre color sepia dirigido a una tal Adelaida. Lo tomé entre mis manos. Noté que había algo más que papel en su interior. Al ponerlo boca abajo cayó entre mis manos un pequeño crucifijo de plata antigua y  cuentas blancas como la nieve. Contemplé las garabateadas letras y dos fotografías desgastadas por el tiempo. En una de ellas una hermosa mujer de cabellera negra sonreía feliz. Al lado estaba un hombre apuesto y fornido con expresión risueña que la tomaba por los hombros.
Movida por la curiosidad empecé a leer:

Mi querida hija Adelaida:
Si estas leyendo estas líneas, eso quiere decir que sigues en el castillo. Lo más probable es que yo no estaré en esta vida, ni tu padre tampoco.
Quiero que sepas que a pesar de no poder estar a tu lado, siempre velaremos por ti desde cielo.
Es posible que el conde te haya dicho que mi muerte fue a causa de una extraña enfermedad y que tu padre se volvió loco. Has de saber hija mía que todo es mentira. Que sólo persigue devolver la vida a su hija Irina, sin reparar en cualquier medio a su alcance para conseguirlo. Muchas vece he pensado que ha perdido la razón a causa del horror por el que él y su esposa han pasado.
El castillo es propiedad de los antepasados del conde, personas muy ricas e influyentes en el lugar. Andrei y su esposa tuvieron una hija a la que llamaron Irina. Una hermosa niña que sólo tiene algunos años más que tú. Todo eso ocurrió antes de llegar tu padre y yo a este lugar. La pequeña enfermó al cumplir los cuatro años. La llevaron a una acreditada clínica de San Petesburgo con la esperanza de que curara, pero no fue así, al poco tiempo murió. El conde la trajo al castillo y comenzaron sus experimentos y el horror. Consiguió su objetivo, verla caminar de nuevo como si estuviera viva, pero algo terrible, sin explicación lógica, la volvió una fiera sedienta de sangre. Su madre no pudo soportar el dolor y falleció de tristeza, dejándola al cuidado de su padre, el conde.
Tienes que marchar hija mía lo antes posible de este lugar. 
¡No mires atrás!. ¡Huye!. 
Me debilito día a día a causa de las pruebas a las que el conde me somete con la esperanza de curar a su hija. La tiene encerrada en el mausoleo que está al lado del castillo, desde que murió su esposa Katia. El otro día escapó de su encierro. Entró en esta habitación. Parecía una especie de pesadilla. Se acercaba a mi lentamente. Me sentí totalmente indefensa, esperando ser atacada de un momento a otro. En esos momentos apareció Andrei y se la llevó a rastras. 
El crucifijo que encontrarás junto a estas líneas, era de tu abuela, es lo único que conservo de ella. Ni siquiera tu padre está a mi lado. No quiero ni imaginar lo que el conde ha podido hacer con él. Me angustia el sólo hecho de pensar que no este vivo. Debes llegar a España lo antes posible. Dentro de este sobre está la dirección a la que debes dirigirte.
Un abrazo hija mía desde lo más profundo de mi corazón...
y que Dios te ayude Adelaida.
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Amigo diario me quedé helada de terror, de rabia y de incertidumbre.
¡ Mi nombre es Adelaida!. ¡El lo cambió y me puso Katia!
¡Mi madre no murió de una extraña enfermedad, ni mi padre tampoco!
¡Los mató ese maldito engendro de satanás!

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4 comentarios:

  1. Muchas gracias Unknown. Me alegro mucho de que te guste. Gracias por pasar y por tu comentario. Feliz fin de semana.

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  2. Uff, espero que Katia (bueno, Adelaida) haga caso de la carta de su madre y huya sin volver la vista atrás... aunque yo querría saber qué pasó con el padre... Te está quedando estupendo, me encanta, y tengo ganas de continuar leyendo. Un beso y feliz fin de semana

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  3. Gracias Chari. Me alegro un motón de que te guste la historia. Amiga te deseo un maravilloso fin de semana, que lo pases muy bien. Un abrazo.

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