viernes, 9 de agosto de 2013

La mariposa divina

Vuela, vuela 
alas de seda, 
cuerpo de oro,  
la más hermosa de todos.
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Ya se posa en el jazmín,
 en la rosa y el clavel,
en la menta y yerbabuena 
y sobre la vieja la  pileta.
¡Ahora en la maceta de barro
 y entre las manos pequeñas!.
Magia lleva entre las alas,
cuentos fábulas y fantasías
de países encantados
y caballitos alados.
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Vuela que vuela, 
entra en la casa
 más pobre, 
donde vive 
la bella niña de cobre.
Que no tiene zapatitos, 
ni un vestido sin remiendos,
ni muñecas, ni juguetes,
 ni ningunos brazos tiernos.
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¡Mariposa juguetona! 
¡Mariposa caprichosa!
¡Que Ahora se posa 
en la mejor de las rosas!,
sobre un travieso caracolillo,  
que cuelga  de su gracioso 
flequillo.
La niña pobre, de ojos de miel, 
la contempla con embeleso,
cree que es un hada buena
y le tira tiernos besos 
con sus manitas morenas.
Y le  canta muy bajito, 
para que nadie escuche,  
ni sus penas,
ni sus gritos:
Hada, hadita buena, 
hada , hadita alada,
cuéntame un cuento
de princesas encantadas,
llévame entre tus alas,
al castillo mágico
donde vive la la ilusión,
donde cantan los duendes 
y llueven anisitos de colores 
de chocolate y turrón.
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En estos momentos de expectación
se oye un ruido en la la puerta 
y unos pasos con mucha precipitación.
¿Algo insólito acontecerá?
Ustedes mismos verán:
Un niño pequeñito, 
aparece de repente, 
andrajoso y muy flaquito,
sucia la carita, las manos y la frente
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La niña de la mariposa aparta la mirada 
y la posa en el intruso con mucha atención
y nace la compasión en su tierno corazón.
Se levanta con misterio,  despacito,
saca algo de una una vieja y misera caja,
rota por el tiempo y la descomposición,
un preciado tesoro, que ella allí guardó:
Su mejor manjar,  
"un duro trozo de pan"
y le dice despacito:
-"Mucha hambre tienes tú
y te veo descalcito,
andando por estos sitios»
-Yo tampoco tengo zapatos,
pero de pan aún 
me queda un poquito.
¿ Tienes hambre?
¿ Tú quieres?
¿ Lo compartimos?
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Los dos niños se sientan
en la entrada de la puerta.
Para partir el mendrugo
tienen que hacer mucha fuerza.
Al fin cooperando los dos 
lo consiguen dividir
y se mezcla la ilusión 
con su alegre sonreír.
Todo es felicidad
al poder degustar
tan delicioso manjar.
Y por esas cosas extrañas
sin posible explicación
la estancia se ilumina
con hermosa luz divina
¿Es la luz del alma? 
¿Es la luz del corazón?
¡Quizás es que a este banquete 
está asistiendo el mismo Dios!.
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