martes, 4 de agosto de 2015

El ser

La noche
La luna se alzaba esplendorosa prestando un halo de misterio
frío a las lápidas grises.
A la izquierda se levantaba un panteón custodiado por dos extrañas gárgolas.
El chirrido de la puerta de hierro sonó en el silencio de la noche. Acto seguido unos extraño ruidos de huesos astillados se dejaron oír : Crack, Crack, Crack...
La pareja se hallaba en el coche. Era la primera vez que salían juntos y aquel era el mejor lugar que habían encontrado para deleitarse con su amor. Allí nadie los encontraría.
Nadie frecuentaba el cementerio a ciertas horas. Ellos no tenían miedo. No creían en estúpidas patrañas que se empeñaban en contar los aldeanos del lugar.
Al escuchar el extraño ruido proveniente de un viejo panteón lo atribuyeron a las ratas dándose un banquete con los despojos de algún desgraciado que había pasado a mejor vida.
Sonaron varios golpes en la ventanilla del auto. Maite volvió la cabeza para ver de que se trataba, mientras Diego seguía absorto en desabrochar la blusa de seda de la muchacha.
El grito sonó hueco y terrible al mismo tiempo que Maite aterrorizada de un salto pasaba a la parte trasera del auto. El muchacho fijó la mirada en aquello que de forma grotesca se movía al otro lado del cristal:
Un ser oscuro. No se distinguía rostro alguno. Sólo unos afilados dientes amarillentos brillaban bajo la  capucha roja. Caminaba lentamente bordeando el coche a ambos lados, mientras arrastraba algo parecido a una cadena.


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