viernes, 16 de septiembre de 2016

Detrás de su amor. (Microrrelato)

Ella tenía dos monedas por pupilas y un dolar por sonrisa. Se llamaba Clorinda. Como su nombre no le gustaba demasiado, se hacía llamar linda. Aunque su apariencia era más bien ratonil, debido a sus ojos vacíos, que no le favorecían demasiado. Cuando alguien aparecía en su camino, el dolar que tenía por labios se estiraba tanto que amenazaba con romperse sobre la cuidada dentadura. Soñaba con alcanzar las estrellas. No las estrellas del firmamento, eso le interesaba tan poco como la amistad, el amor o esas cosas tan banales de las que algunos suelen hablar en esta vida. Lo que de verdad la motivaba y la hacía saltar como un perrito faldero, festejando la llegado de su amo, era el preciado metal del que estaban hechos sus ojos y su corazón. Un día mientras paseaba por el bosque ensimismada en sus pensamientos, sin saber como, cayó en un profundo foso repleto de dolares y monedas. Al parecer dos ladrones habían robado el banco de la ciudad y habían construido un profundo foso, para ocultar allí el botín hasta que pasara el chaparrón policial. Lo camuflaron con hojas secas y algo de yeso. Pero éste debido a las lluvias se había reblandecido. Así Clorinda murió asfixiada entre aquello que había perseguido durante toda su vida y que tanto le gustaba. 
¿Será que todos acabamos encontrando la horma de nuestro propio zapato?
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2 comentarios:

  1. ¡Hola amiga!! Qué bonito relato y qué lección tan precisa, si que creo que todos un día u otro, acabamos por encontrarnos con la horna ... lo que podría decirse igual, con la propia imagen.
    Clorinda estaba hecha de metal, sin duda, y en eso se convirtió.

    Una alegría volver a leerte.
    Espero que estés bien.
    ¡Un gran abrazo!!

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  2. Para mi una gran alegría encontrarte de nuevo estimada Mila. Tengo que seguir cuidándome, pero estoy bien.
    Clorinda era un ser desgraciado porque desperdició algo tan maravilloso como su propia vida. No podía ver nada más que aquello que anhelaba su corazón y por supuesto que al final acabamos convertidos en lo que perseguimos de una forma u otra. Un abrazo amiga, me alegra mucho de saber de ti.

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