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Soy un alma que vaga en
un mundo incierto,
dentro de un Universo
inmenso.
Soy un alma a la que
otorgaron la facultad
de los sentimientos
y de la palabra,
Soy un alma
a la que colocaron
un corazón en el pecho
que late, siente, llora,
ríe y canta.
Soy un alma que vaga
en las noches y en los días
de esta vida,
de este sobrevivir,
de esta batalla.
Un alma que liba el dolor,
la felicidad, los sentimientos
y la anhelada esperanza.
Soy un alma
que se desgarra,
un alma
que se descarna.
Un ser humano,
sin materia,
sin color,
sin piel,
sin huesos.
Sólo soy un alma.
un alma que se pierde,
un alma que vaga,
buscando a sus queridas
almas,
aquellas que partieron
hacia el divino Universo
las que brillan sin voz
y sin palabras.
Mi alma las añora,
porque ella sólo es un alma,
un alma peregrina
que llora y se descarna
Estrella, bella estrellita
que me miras desde el cielo
lejano de la noche,
¿Dónde están las almas que
partieron?
Dime bella estrella,
de luz divina
engalanada
¿Dónde están mis almas
añoradas?.
Quiero hacer con mi corazón
una guirnalda
y tejerla de sentimientos
para las alma que se fueron,
para mis almas amadas
Y decirles que las quiero
y las añoro.
Quiero
hablarles sin palabras
Es posible que conozcas la bella leyenda de la flor de Navidad o que nunca la hayas oído antes. Pero seguro que has visto una planta de bellas flores rojas decorando los hogares en estas fechas. Sea como fuere, espero y deseo que la disfrutes y que pases una hermosa nochebuena y Navidad.
Había una vez un niño muy pobre, tan pobre era, que apenas tenía nada para comer. Vivía en un pequeño pueblo del hermoso México. Su madre hacía poco que había quedo viuda y trabajaba en las casas adineradas del pueblo, para poder alimentar a su pequeño hijo.
Salvador que así se llamaba el hermoso y pequeño niño, siempre quería ayudar a su mamá en las tareas de la casa. Hacia todo cuanto podía mientras ella estaba fuera trabajando. Pero era tan pequeño, a sus apenas recién cumplidos seis años que no llegaba ni siquiera a la altura de la cocina para poder colocar una olla y cocinar. Así que se servía de una silla en la que se subía para de esta forma hacer la comida y que cuando llegará la buena mujer a casa, pudiera comer un plato caliente.
Como cada año al llegar la Navidad en el pueblo, todos se preparaban para celebrar tan bello acontecimiento. Tenían una hermosa tradición que cada año realizaban. Reunirse todos en la iglesia del pueblo para llevar un regalo al niño Jesús. A Salvador le encantaba esta linda tradición. Siempre veía como las personas iban llegando con sus respectivos presentes. Flores, cestas de fruta, juguetes, cascabeles, pandereteas y muchas más cosas hermosas. Él era tan pobre, que se sentía avergonzado de no poder llevar un regalo al hermoso y divino niño. Así que como no quería ser visto por los demás se apartó y se ocultó detrás de uno de los confesionarios para poder ver como todos hacían sus ofrendas, sin poder evitar que se le llenaran lo bellos ojos de lágrimas y el corazón de pena. Estuvo por un largo rato sin poder contener el llanto, mientras las lagrimas puras y cristalinas iban cayendo al pavimento del sagrado lugar. Fue entonces cuando ocurrió el prodigioso milagro. De las cristalinas gotas empezaron a brotar unos bello pétalos rojos, hasta formar la flor más hermosa jamás vista: La flor de pascua. En esos momentos el pequeño Salvador comprendió que Jesús había permitido que sucediera aquel milagro, para que pudiera hacerle el más bello de los regalos. El regalo que nace de la pureza del corazón y del alma.
El pequeño se levanto y tomando la hermosa planta entre sus manitas se acercó despacito a la cuna de Jesús procurando no ser visto. Nadie reparo en él, pues todos estaban distraídos colocando sus propias ofrendas y así Salvador depositó el bello presente junto a la cuna del niño Dios y entonces pudo ver como el divino niño divino lo miraba con gran ternura, mientras una dulce sonrisa se dibujaba en su pequeña boquita.
Cuando los demás repararon en la hermosa planta, se quedaron admirados ante tanta belleza, sin saber de donde había salido la bella ofrenda.
Salvador volvió a casa muy feliz aquel año, porque su lágrimas habían sido el regalo más hermoso que recibiera Jesús.
Esta historia la dedico especialmente a un amigo que ya no está entre nosotros. Ahora es un ángel que habita en el cielo. Dedicado a ti con todo mi cariño mi estimado amigo Salvador.
Olé mi Cordobita la llana.
Olé mi Sevilla la gitana.
Olé mi taconcitos
y mi vestido de gitana.
¡Que las castañuelas suenan
aquí en mi corazón!
Y en el tablao de Lorca
lloran las cuerda de la guitarra
que vibran en mi alma
y en bailan en mi corazón.
No querida amiga mía,
yo no te impongo yugos
ni cárceles de amistad.
Yo no robo tus vuelos,
ni tu libertad.
Tú eres libre como el aire,
libre como la lluvia
que golpea
sobre los tejados,
que golpea sobe el cristal.
Querida amiga mía,
conmigo no hay obligaciones,
ni trueques, ni imposiciones.
el cariño que sale del alma
no se impone, se da porque si,
porque si, no más.
Querida amiga mía,
sin cumplimientos
sin caras bonitas,
sin sonrisas fingidas
sin necesidad de un ramo de flores
en mi día, sólo esa mano tendida
cuando más se necesita,
conmigo no necesitas
nada más.
No son necesarios
grandes protocolos
para nuestra amistad.
Sólo que sientas en tu corazón
muy adentro de tu corazón,
cariño de verdad.
Ni te impongo,
ni te exijo,
ni te pido,
para mi
siempre has cumplido
y siempre estás
en libertad.
Libre como
el viento sobre el mar,
para ir y venir a tu voluntad.
Y si alguna vez regresas
y no me encuentras,
quizás mi alma cansada
voló hacia la eternidad
Si tu corazón no puede entender
esta extraña amistad,
entonces amiga mía
quizás sea porque necesitas
otra compañía que te llene
y te ofrezca más.
Aquí sólo hay lo que ves,
un ser humano
cansado, muy cansado,
cansado de tanto
caminar,
cansado de tanto vagar...
Si algún día no me encuentras
amiga mía, sigue tu camino
y no me busque más,
mi alma peregrina y cansada
habrá volado
hacia la eternidad
Alce el vuelo
como el pájaro
sin horizonte,
como el pájaro
sin noche,
como el pájaro
sin día.
Volé con
las las rotas,
y un gusto a
lágrimas amargas
en los labios
que el alma me partía.
Detrás quedaba
toda la vida mía,
mis momentos,
mis noches,
mis días.
Caminé
con los pies
sangrando,
entre cardos
y espinas,
Moría mi corazón
y no lo sabia,
tenía el alma rota
y no lo sabia.
Lloraban mis ojos,
lloraban mis recuerdos,
lloraba toda la vida mía.
Sin entender el absurdo
y el porqué de las heridas.
Atrás quedó el camino
cubierto de turbia melancolía
Atrás quedó parte del alma mía,
mientras moría lentamente,
agonizando sin saberlo
en mi propia agonía.
¿Por qué?
me repetía.
Sin encontrar respuesta
ni consuelo para mi alma
de muerte herida.
Poco a poco me levanté
de mi propia muerte,
aparté mis propias cenizas,
abrí los ojos y supe
que seguía viva,
que debía seguir
adelante,
aunque me costara la
la propia vida.
Seguí mi rumbo
como un pequeño barco
que se arroja a la deriva.
Me dejé llevar por la corriente
en mis noches y en mis días.
Hubo un tiempo muy lejano,
en que creí estar muerta
y enterrada, en una tumba
sola y fría,
pero estaba viva.
A pesar de la agonía.
A pesar de las heridas,
seguía viva
y no lo sabia.
Pollito era tan dulce
tan tierno, tan inocente,
que sus plumones recién
estrenados formaban
un pedacito de cielo azul.
Pollito piaba,
piaba reclamando alimento.
Y pollito no sabia de horas,
ni de días, ni de noches,
ni de maldades, ni de bondades.
Pollito sólo sabia que estaba vivo,
nada más,
que su corazón dulce y tierno
latía entre sus plumas.
Y así pollito encontró un día
a una humana,
la encontró sin buscarla.
Él no sabia de su existencia.
Pero cuando sintió sus manos
supo que era ella
y que eran sus manos
y su alma azul salto de alegría
en su pequeño cuerpecito
de plumas.
Picoteó sus dedos despacito,
tiernamente,
con su pequeño pico
recién estrenado.
Y pollito pasó a formar
parte de aquella vida humana.
Y su pequeño y tierno corazón
de plumas se desbordó de alegría
al sentir el calor del alma humana
arropando su vida recién estrenada
Es tan hermoso el mundo
mi pequeña alma inocente.
Tan hermoso y celeste
como el Paraíso
que se construye
en el espacio más sagrado
del alma...
Es tan hermoso el mundo
mi pequeña alma inocente.
Pero tu no lo sabes,
tú no puedes saberlo.
Un ángel puso tu corazón
frágil y transparente
en tu pecho de plumas
y lo cubrió con la sabiduría
de la de inocencia...
Tú mi tierna y frágil
alma azul, no puedes saber
que el Paraíso se cae a pedazos
y que nadie lo recoge,
que nadie se apiada
de sus lágrimas
ni de su corazón roto
y agrietado...
Porque tu inocencia
es la más bella
sabiduría que te otorgaron
al nacer entre plumas,
mi dulce Azulita