Tú no lo sabes,
¡Hace mucho tiempo
que guardé el espejo
de los recuerdos!.
¡No quiero mirarme
más en él,
es turbio y negro!.
¡Me ciega,
y no me deja ver
de la vida lo bueno!.
Tú ignorabas,
tú no sabias,
que dejé de mirarme
en ese cristal
hace mucho tiempo,
en esa vida que era mía
y que quedó atrás,
tan lejos,
cubierta por el vacío
del olvido,
sin sentimientos.
Y es que...
cuando el corazón no siente,
el dolor duele menos
y el alma
no se hace añicos
cuando cae del pecho.
Quizás tú ignoras que...
en la batalla de la vida
somos ceniza y fuego.
En el fuego nos quemamos
y en la ceniza renacemos.
Y así el abismo remontamos
y salimos del foso negro,
en el que se convierten
los recuerdos...
¡Todo cambia!
¡Yo he cambiado!.
¡Ya no me duelen
los aguijones
que lanceraban
el alma
y el cuerpo!.
Ahora solo existe
indiferencia
gris y opaca,
indiferencia
cubierta de silencios.

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